quinta-feira, 30 de outubro de 2008

Ya que este es un blog para hablar de las casas que me encontan, jamás podría dejar de hablar de mi ciudad: Belo Horizonte. Soy demasiado encantada, fanática, loca por esta cuidad. Sé que debo esto a mi papá que me enséno a ser apasionada por nuestra cuidad. B.H. es bella no sólo por las personas, por el “Parque Municipal”, por la "Pampulha", pero es bella sobre todo por las montañas ... un de los momentos más felices de mi día es cuando vengo hacia la Universidad. Al salir de la “Trincheira da Antonio Carlos” haciendo 90km/h ¿qué es que veo al fondo del paisaje?
Las montañas, las famosas y bellísimas montañas de B. H.
Belo Horizonte es así : Casi por todos lugares donde vamos es posible ver al fondo nuestras montañas que nos protegen y parecen darnos seguridad, esperanza... Se puede pensar que es posible volar hasta ellas y quedarmos allá, lejos de la violencia , de los embotellamientos y esas cosas desagradables... Es así mi ciudad para mí, y si hay alguien que lee mi blog y aun no la conoce, le invito a conocerla y a quedarte encantado...
La Tienda








Cuando era más chica, había unos catorce o quince años, creía que el centro de la cuidad era el lugar más interesante del mundo y cuando fuera allá tendría que maquillarme toda la cara llevarme la mejor ropa y estar muy elegante.
Un día quedé con unas amigas de encontrarlas allá, pero estaba muy temerosa pues nunca había estado sola en aquel lugar y el riesgo de perderme era demasiado grande. Bueno, ya tenía quince años y, como dijo mi mamá, más temprano que tarde, habría de arriesgarme: “¡entonces que fuera ahora!” Ella también me digo: “Cuando bajes del ómnibus ponte cerca de alguna tienda delante de la parada donde tus amigas también bajarán y podrás verlas cuando lleguen.” Esto lo hice yo: Bajé del ómnibus y seguí reto hasta la tienda delante, muy bien delante, de la parada.
Como dije, creía que debía estar toda maquillada y muy bella para irme al centro de la cuidad y así estaba... Pero mis amigas se estaban retrasando demasiado, por esto, todo el tiempo miraba el reloj para saber las horas y me ponía muy preocupada por ellas. Cuando intenté calmarme me di cuenta de que todas las personas que pasabam cerca de mí me miraban con unas caras muy raras. Después vi que en todos los autobuses que pasaban, los que ne miraban llevaban la misma cara rara. “!Dios mío!”, pensé, “debo tener el pelo todo feo, o mi ropa se ha averiado ¿ qué puede estar mal conmigo para que me miren así?” Intentaba e intentaba, pero no encontraba nada para justificar las caras...
Fui poniéndome cada vez más nerviosa con aquellas caras y con el retraso de mis amigas y así confería más a menudo el reloj. Entonces para intentar calmarme imaginé que lo mejor sería pensar en otras cosas, como por ejemplo... hum... a ver... ah sí, imaginé o razoné: “¿de qué será esta tienda acá? Parece que nadie va a trabajar por aquí hoy, ya son casi las diez y no la abrieron hasta ahora...” Como me encontré demasiado curiosa, tive coraje de dar la vuelta, pero no sé decir cuál fue mi sorpresa cuando miré una puerta de vidrio con dos corazones rojos y las palabritas: “Motel Venus”.

quinta-feira, 2 de outubro de 2008

El perro del diablo

Todas las noches sucedía lo mismo: él iba a acostarse y el otro empezaba a ladrar. La cabeza dolía, él se ponía nervioso y no lograba dormir. Pero estaba cansado, al día siguiente habría de levantarse temprano y el perro ladraba sin parar. Entonces, todas las noches hacía la misma promesa, "aún acabo con ese perro del diablo", pero nunca la cumplía. Hasta que un día resolvío cumplirla, mató al perro del diablo y durmió tranquilo. Tan tranquilo que ni escuchó el ladrón que le robó toda la plata.