quinta-feira, 30 de outubro de 2008

La Tienda








Cuando era más chica, había unos catorce o quince años, creía que el centro de la cuidad era el lugar más interesante del mundo y cuando fuera allá tendría que maquillarme toda la cara llevarme la mejor ropa y estar muy elegante.
Un día quedé con unas amigas de encontrarlas allá, pero estaba muy temerosa pues nunca había estado sola en aquel lugar y el riesgo de perderme era demasiado grande. Bueno, ya tenía quince años y, como dijo mi mamá, más temprano que tarde, habría de arriesgarme: “¡entonces que fuera ahora!” Ella también me digo: “Cuando bajes del ómnibus ponte cerca de alguna tienda delante de la parada donde tus amigas también bajarán y podrás verlas cuando lleguen.” Esto lo hice yo: Bajé del ómnibus y seguí reto hasta la tienda delante, muy bien delante, de la parada.
Como dije, creía que debía estar toda maquillada y muy bella para irme al centro de la cuidad y así estaba... Pero mis amigas se estaban retrasando demasiado, por esto, todo el tiempo miraba el reloj para saber las horas y me ponía muy preocupada por ellas. Cuando intenté calmarme me di cuenta de que todas las personas que pasabam cerca de mí me miraban con unas caras muy raras. Después vi que en todos los autobuses que pasaban, los que ne miraban llevaban la misma cara rara. “!Dios mío!”, pensé, “debo tener el pelo todo feo, o mi ropa se ha averiado ¿ qué puede estar mal conmigo para que me miren así?” Intentaba e intentaba, pero no encontraba nada para justificar las caras...
Fui poniéndome cada vez más nerviosa con aquellas caras y con el retraso de mis amigas y así confería más a menudo el reloj. Entonces para intentar calmarme imaginé que lo mejor sería pensar en otras cosas, como por ejemplo... hum... a ver... ah sí, imaginé o razoné: “¿de qué será esta tienda acá? Parece que nadie va a trabajar por aquí hoy, ya son casi las diez y no la abrieron hasta ahora...” Como me encontré demasiado curiosa, tive coraje de dar la vuelta, pero no sé decir cuál fue mi sorpresa cuando miré una puerta de vidrio con dos corazones rojos y las palabritas: “Motel Venus”.

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